Cirila: lideresa y una de las fundadoras de la comunidad indígena de Boca Isiriwe, un ejemplo de fuerza y resiliencia

 

Cirila. Foto: Karen Ramos

Cirila no sabe cuántos años tiene, pero tampoco necesita saberlo “Aquí nadie lleva la cuenta”, comenta y ríe. Nació en Cabeza Colorado entre la frondosa selva en Madre de Dios. Desde muy pequeña caminaba largos tramos de bosque, con su padre, trasladándose de un lado al otro en busca de un lugar para asentarse y sembrar.

“Yo estaba solita con mi papá, sembrábamos, yo le ayudaba”, cuenta, hasta que llegaron al lugar donde vive hoy “llegamos aquí y no había nadie, fuimos los primeros”, tras su llegada una comunidad nació.

Con el paso de los años fueron llegando más personas.  En los años 90, el lugar se convirtió oficialmente en la comunidad nativa de Boca Isiriwe, tras varias gestiones con el estado, comandadas por Cirila quien era la presidenta de la comunidad en esa época. La comunidad forma parte de las 10 comunidades que habitan la Reserva Comunal Amarakaeri.

Antes de convertirse en una lideresa indígena muy respetada y querida por todos, Cirila tuvo que pasar difíciles momentos que, según cuenta, la hicieron más fuerte. De adolescente fue víctima de una unión forzada y durante este periodo perdió a dos hijos. Fue uno de los momentos más difíciles de su vida.

Desde entonces se dedicó a trabajar: sembraba, cazaba, pescaba y trabajaba la madera del bosque. “Me iba al monte y regresaba de noche, mi papá me esperaba preocupado, así hasta viejito”. Comenta, sus sobrinos le dicen que hace el papel de “hombre y mujer” porque asume roles típicamente masculinos, pero ella sabe que las mujeres tienen las mismas capacidades.

Aunque no tuvo hijos biológicos, varios niños y niñas han sido criados por ella. “He criado a muchos sobrinos, hijos de mis amigas y de mis primas”. Su casa, que se ubica en la entrada de la comunidad, cuenta con un patio que es un punto de reunión para las más de 70 familias que habitan Boca Isiriwe, la mayoría indígena.

Cirila, su esposo y su sobrina. Foto: Karen Ramos

Con proyectos impulsados desde la cogestión entre el SERNANP y ECA Amarakaeri, la producción sostenible de castañas se ha vuelto una de las actividades económicas preponderantes en el lugar.

El proyecto “Fortalecimiento de comunidades y organizaciones indígenas de la región de Madre de Dios para el desarrollo local sostenible, defensa y abogacía de sus derechos” (BMZ) de CARE Perú se ha sumado a los proyectos que como EBA Amazonía. Impulsado por PNUD, han brindado apoyo técnico en la zona para fomentar la actividad castañera.

Cirila, además de tener una chacra y criar animales, también participa de la actividad castañera.

Sin embargo, hace un par de años, cuando el proyecto iniciaba, Cirila enfermó, sus docenas de sobrinos y vecinos estaban preocupados. Su hijastro, que vive en Cusco, logró trasladarla a esa ciudad donde fue operada.

 “Casi, casi muero, ya no me hubieran encontrado acá”, cuenta, aun con un poco de miedo. La vida ha cambiado para ella desde la operación “Ya no puedo salir a cazar como antes, aunque igual a veces lo hago”, extraña la independencia que tenía pero está recuperándose.

Hoy vive una vida tranquila acompañada de su esposo y está criando a la hija de una de sus sobrinas, mientras su madre trabaja. “Vivo tranquila aquí, no hay ruido. El hijo de mi esposo quiso llevarnos a la ciudad, pero yo no quise, yo soy de acá, no me voy”, afirma con una sonrisa.

Texto por Alejandra Baluarte – CARE Perú