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Este año, la Sunedu sorprendió a los estudiantes peruanos con una versión un poco diferente del carnet universitario, una tarjeta de color lila con la imagen de un personaje: “En conmemoración de Trinidad María Enríquez, Cusco 1848-1891.” Ella representa el largo camino que recorrieron las mujeres para alcanzar los mismos derechos educativos que los hombres.

Trinidad Enríquez fue la primera mujer en seguir estudios universitarios en el Perú. Dedicó toda su vida a enfrentarse contra los estereotipos de la época. Luego de pasar rigurosas pruebas para ingresar a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, y a pesar de culminar la carrera con buenas calificaciones y obtener el grado de Bachiller, nunca se le permitió ejercer como abogada. Era una “profesión de hombres”.

Trinidad falleció en Lima a los 45 años; sin lograr su cometido, pero pudo abrir un camino importante para la historia de los derechos de la mujer en nuestro país y colaborar con que años después, las mujeres peruanas puedan recibir un título profesional. Fue en 1908 que el presidente Augusto B. Leguía firma la propuesta del Congreso para que las mujeres puedan matricularse en las universidades de la República, obtener grados académicos y ejercer la profesión.

A través de los años, las mujeres se han visto involucradas en una batalla por sus derechos, especialmente el de la educación. La llegada de las mujeres a la universidad concretó este reclamo del espacio académico y cultural gobernado en un inicio por los hombres, reforzando la función de la mujer como un miembro activo de la sociedad.

Hasta el momento se han logrado muchas metas, pero aún hay mucho trabajo por hacer. La brecha de género en educación se ha reducido paulatinamente con el paso del tiempo, pero hay cifras que siguen siendo preocupantes. Según el INEI (2018), solo el 29% de mujeres de más de 25 años tiene estudios de educación superior, pese a que la cifra aún es reducida, la proporción ha incrementado en 3,4 puntos respecto al 2010. Cuando hablamos de educación básica, la realidad es aún peor. Según el INEI (2017), solo el 63.7% de niñas entre 12 y 16 años están matriculadas en la escuela. Asimismo, un estudio del Consorcio de Investigación Económica y Social reveló que solo el 35% de niñas en zonas rurales logra terminar la escuela.

Es importante seguir proponiendo soluciones para que más mujeres puedan recibir una educación completa y de calidad con el objetivo de construir una mejor nación en base a valores de justicia, respeto e igualdad; así como también no olvidar todo el camino que ya ha sido recorrido para lograr estos cambios y no dejar de ir hacia adelante.

 

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