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Lluvias torrenciales, grandes inundaciones, huaicos y desplazamientos cubrieron la costa del Perú en marzo del 2017. Gran parte del país se vio terriblemente afectado. Las lluvias causaron las peores inundaciones en 20 años. Para abril casi la mitad del país estaba en estado de emergencia.

La difícil etapa de desastres naturales que vivió el Perú el año pasado ha sido catalogada por CARE Internacional como una de las 10 crisis humanitarias menos reportadas en el mundo. Con menos de 8,000 artículos en medios digitales, el Perú ocupa el puesto 10. En la lista se incluyen lugares como La República Central de África que tiene a más de la mitad de su población en situación de extrema pobreza y pocas portadas en los medios; Mali, en el puesto 7, que vive las consecuencias de un conflicto armado sin prospecto de fin; o Corea del Norte, que ocupa el primer puesto pues, aunque los medios cubren las tensiones políticas entre su mandatario y otros líderes mundiales, poco se sabe sobre el 70% de la población que depende de programas del gobierno para cubrir sus necesidades básicas y que además sufrió una de sus peores sequías de la historia en el 2017.

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En el Perú, la cifra de damnificados a causa de la emergencia en el 2017 asciende a 1,110,700 personas, casi la tercera parte son niños y adolescentes. Más de cien personas perdieron la vida como consecuencia de los huaicos e inundaciones.

La cadena de desastres naturales fue el resultado de un fenómeno llamado “El Niño Costero”, producido por calentamiento inusual del mar que es consecuencias del cambio climático. A diferencia del fenómeno de El Niño “Regular”, que ha afectado al país en años anteriores, los efectos de “El Niño Costero” del 2017 fueron impredecibles y demoledores.

Más de 210,000 viviendas fueron severamente dañadas por las inundaciones, dejando a miles de personas sin hogar, quienes en su mayoría eran pobres o extremadamente pobres. Además, buena parte de las comunidades afectadas se dedicaban a la agricultura y ganadería, por lo que al perder sus tierras también perdieron sus fuentes de ingreso. La infraestructura del país también fue impactada: alrededor de 680 puentes quedaron destruidos o fueron seriamente dañados y casi 2,500 kilómetros de vías fueron destruidas, dejando aisladas a miles de comunidades y pueblos.

CARE Perú ya se encontraba trabajando en el norte del país cuando la emergencia golpeó. El agua estancada se prestaba para la propagación de mosquitos que producen enfermedades graves como el Zika, por lo que aumentar la política de prevención para evitar epidemias fue una de las prioridades de CARE Perú. Durante la emergencia se distribuyeron, más de 8,000 kits de higiene y materiales sanitarios para las familias más vulnerables, además de agua.

En paralelo se comenzó a trabajar en proyectos que colaboran con la reconstrucción de las zonas más afectadas, logrando la rehabilitación de 20 sistemas rurales de agua potable en la región Piura, dirigiendo la construcción de 347 casas de emergencia en zonas de extrema vulnerabilidad, se planificó y ejecutó la construcción de 2,800 metros lineales de muros de quincha para beneficiar al menos 100 familias en el Bajo Piura a través del proyecto ECHO, entre otras cosas. A la fecha, CARE Perú sigue trabajando en el proceso de reconstrucción de la mano de entidades públicas y privadas, sin embargo, miles de personas siguen viviendo en precarias condiciones y queda mucho por hacer.

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