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En la semana mundial de la Prevención del Embarazo Adolescente, la especialista de género de CARE Perú, Susana Osorio nos da una mirada más allá de las cifras sobre este problema, identificando causas, consecuencias y estrategias a implementar para combatirla.  

En la última década, la tasa de embarazo adolescente en el Perú no ha disminuidoA la fecha 13,5% de las adolescentes entre 15 y 19 años está embarazada. Según reporta la RENIEC, más de 2000 partos de niñas y adolescentes de entre 12 y 14 años han sido registrados en lo que va del año. 

Esta problemática social profundiza las desigualdades de género y alimenta el círculo de la pobreza en nuestro país. En esta entrevista, la economista feminista y especialista de género de CARE Perú, Susana Osorio, nos habla más sobre este problema y por qué es urgente reducir el índice de embarazos adolescentes en el Perú:  

 1. ¿Cuáles son los potenciales factores que determinan el embarazo adolescente? 

El embarazo adolescente es un problema multidimensional, y por lo tanto sus determinantes deben entenderse desde esa complejidad. Para mí, en primer lugar, uno de los factores más obvios, es la capacidad o autonomía que tienen las niñas y adolescentes de tomar decisionestanto sobre del inicio de su actividad sexual, como sobre los métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados. Promover y desarrollar el nivel de autonomía sin embargo está vinculado con el poder que les otorgamos promoviendo con información asertiva para que puedan tomar mejores decisiones de sobre el inicio y ejercicio de su vida sexual, a través del fortalecimiento de la Educación Sexual Integral, acceso a anticonceptivos de libre disposición entre otros. Sin embargo, nos enfrentamos a un contexto de permanente disputa sobre qué constituye incorporar el enfoque de género en la currícula escolar y tiene sin duda un impacto en como las unidades escolares articulan mensajes claros sobre educación sexual y reproductiva, causas, y consecuenciasAsimismo, es importante priorizar como sociedad la construcción de proyectos de vida posibles y prósperos para las niñas y adolescentes, que les permita visualizar su futuro más allá de la maternidad.  

Otro de los factores determinantes del embarazo adolescente es lamentablemente la violencia sexual, principalmente la que viven muchas niñas y adolescentes al interior de sus hogares. Las estadísticas publicadas por el Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables verifican que la mayoría de los casos de violencia sexual se perpetra en al interior de los hogares, y donde los agresores son parte de la familia o cercano a ella. Estos casos son altamente complejos de identificar, denunciar y atender; en la medida que muchas veces, como resultado de la poca información y educación sexual es difícil para las victimas identificar el tipo de violencia de las que son víctimas, son sistemáticos (es decir no son casos aislados), o la dependencia economía de las familias de los agresores, que muchas veces retarda o bloquean el proceso de denuncia del mimo. El embarazo como resultado, suele ser un detonante de como la familia enfrenta esta afectación directa a la integridad de las niñas o como la invisibilizan.  

Esto último es un argumento central para entender que la educación sexual no puede ser responsabilidad única del ámbito familiar, sino que el Estado, en particular los sectores de educación y salud tienen un rol fundamental para proteger de manera efectiva la integridad de las niñas y adolescentes. Es clave por lo mismo, potenciar acciones y presupuesto destinado a estas estrategias.  

2. ¿Cuáles son las consecuencias del embarazo adolescente en la vida de las mujeres adolescentes? 

De manera análoga a los determinantes, las consecuencias son diversas. A nivel físico, por ejemplo, la OMS ha advertido que el cuerpo de las niñas y adolescentes no está suficientemente desarrollado para poder llevar adelante un embarazo como lo hace una mujer en edad reproductiva adulta. Además, los médicos tampoco están necesariamente capacitados para atender partos de alta complejidad como lo son este tipo. El mismo procedimiento del parto genera diferentes impactos en la salud de las mujeres y eso puede tener efectos a corto y largo plazo. 

Si esto no fuera suficiente, las consecuencias en el ámbito social son aún más dolorosas. Las niñas y adolescentes que se enfrentan a un embarazo no deseado ven sumamente afectados los proyectos de las vidas, esto en a medida que históricamente las mujeres hemos sido las principales proveedoras de cuidados y atención de los niños y niñas menores. Sueños truncados al no poder concluir estudios por la falta de recursos, estigma, entre otros, que va a acumular una brecha educativa a lo largo de su vida; así como dificultades para articularse al mercado laboral formal y lo que eso significa. Muchas veces están condenadas a trabajos precarios, informales, de menor remuneración y sin derechos sociales como seguro de salud y seguro previsional.  

Esto nos lleva además a la afectación emocional. Ver a sus pares de la misma edad crecer en sus proyectos, así como el desgaste del cuidado a una edad temprana, genera un sentimiento de frustración muy alto que afecta su autoestima y capacidad de generar relaciones afectivas saludables. 

3. ¿Qué sucede en el caso de mujeres indígenas y rurales? 

El problema del embarazo adolescente se agudiza en el ámbito rural en la medida que la provisión de servicios públicos es mas precaria como consecuencia de las barreras de acceso territorial, estructura centralizada del presupuesto público para sectores estratégicos, y como consecuencia que la tasa de pobreza y pobreza extrema en el ámbito rural es mucho más pronunciada. Las mujeres rurales, que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, ven restringida su autonomía para la toma de decisiones, y tienen mas probabilidades de ser victimas de violencia basada en género.  Esto se traduce, entre otras cosas, en una brecha preocupante sobre la prevalencia del embarazo adolescente en el ámbito urbano que bordea el 10% en comparación con el ámbito rural que pasa en 23%.  

Cuando hablamos de mujeres indígenas, la variable cultural es un factor de agudización. Son poblaciones en muchos casos que no cuentan con estrategias educativas con enfoque intercultural y la presencia del Estado es aún menor, con niveles de conflictividad social específicos. Vemos por ejemplo que, en regiones con alta presencia de población indígena como Loreto, las tasas de embarazo adolescente alcanzan el 30%, Ucayali supera el 23%. Son tasas alarmantes; que como sociedad tenemos la obligación de indignarnos y demandar políticas efectivas para su atención. 

4. ¿Qué crees que debería implicar la educación sexual integral? 

La sexualidad es una dimensión que hombres y mujeres vivimos de manera muy diferente. La sociedad nos ha impuesto roles, estereotipos y mandatos de género que se construyen y reproducen en todas las esferas de nuestras vidas. Mientras a los hombres se les enseña que vivir una sexualidad exacerbada se valora de manera positiva en la construcción de la masculinidad, los mensajes para las mujeres van en sentido y valoración opuesta. Esto ha determinado una barrera para las niñas, adolescentes y las mujeres de acceder a información libre de componentes de tabúes, prohibición y culpa; así como la valoración negativa social cuando las mujeres hablar de manera libre sobre sobre su sexualidad. Un primer paso por lo tanto para hablar de Educación Sexual Integral es comenzar a recomponer los mandatos sociales de género que pueden resultar dañinos y generadores de desigualdades mas amplias.  

Asimismo, la ESI es fundamental para que los y las niñas y adolescentes puedan identificar cuando están en una situación de no consentimiento en un vínculo sexo-afectivo o de abuso sexual, que les permita viabilizar una denuncia de manera temprana y a través de los canales de salvaguarda más adecuados. 

5. ¿Cómo CARE interviene dentro de esta problemática? 

En el Peru, por ejemplo, venimos trabajando en proyectos para lograr que niñas y adolescentes concluyan sus estudios secundarios con educación de calidad y a una edad oportuna, empoderándolas para tomar decisiones sobre sus vidas y construir el futuro que desean. Entre otros, tenemos el proyecto de Niñas con Oportunidadesque, de la mano con el Ministerio de Educación, los padres y madres de familia, los y las niños/as y adolescentes busca implementar estrategias para reducir las barreras que generan la deserción escolar, buscando el empoderamiento de las niñas y el refuerzo de su autoestima.   

Como parte de CARE Internacional, contamos con una Política de Igualdad de Género que demuestra nuestro afán de adoptar un enfoque coherente y coordinando expresados en los acuerdos internacionales, en particular la CEDAW y las aspiraciones establecidas en la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Reconocemos como principio básico que la desigualdad de género se cruza con otras formas de opresión basadas en relaciones de poder desigualdades, como la discriminación por raza, etnia, edad, orientación e identidad sexual, discriminación religiosa, clasismo, historia colonial entre otros.  

Nuestro compromiso institucional con esta agenda se refleja en cada uno de nuestros proyectos, asegurando nuestro marco programático de igualdad de igualdad de género a través de tres dimensiones: 1) mejorando la agencia, 2) construyendo relaciones más igualitarias y 3) transformando estructuras de desigualdad; y sus respectivos mecanismos de transparencia y rendición de cuentas 

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