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Para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de un mundo libre del hambre para el 2030, será necesario contar con sistemas agroalimentarios más productivos, eficientes, sostenibles, inclusivos, transparentes y resilientes (FAO, 2017). Esto será posible gracias a la implementación de estrategias coordinadas entre el sector público y privado para una intervención efectiva que contribuya a la transformación del sistema agroalimentario actual.

Las innovaciones en tecnologías digitales y financieras se presentan hoy como herramientas necesarias para el sector agroalimentario. En esta línea, la difusión de las tecnologías móviles, satelitales y el desarrollo acelerado de las Fintech están permitiendo un mayor acceso de las agricultoras y agricultores al conocimiento y aprendizaje de nuevas tecnologías, mayor acceso a nuevos mercados, a oportunidades de financiamiento e información valiosa del sector.

Sin embargo, la pandemia ha hecho evidente las grandes brechas digitales y financieras prevalentes en el mundo rural que operan como una limitante para el acceso a los programas de alivio temporal ofrecido por el Estado. Estas brechas también restringen el acceso a servicios financieros y nuevos mercados que cada vez más operan desde el mundo virtual; todo esto implicaría en la profundización de las desigualdades existentes. Es así que, en las zonas rurales, las principales dificultades que se encuentran son: el bajo nivel de infraestructura tecnológica de comunicaciones, los bajos niveles de alfabetización digital y financiera y el acceso limitado a los servicios.

Durante este último año se ha evidenciado claramente que en el mundo rural, que es donde se despliega la agricultura familiar, se presentan dos dimensiones muy diferenciadas en la brecha digital[1]. La primera dimensión está relacionada con el acceso limitado a internet y la limitada disponibilidad y acceso a dispositivos electrónicos tales como smartphones, computadoras, tablets u otros afines. La segunda dimensión de la brecha está relacionada con la alfabetización digital o la capacidad de uso de herramientas de internet, de aplicativos y plataformas virtuales cuyo desempeño está relacionado al nivel educativo y los grupos generacionales, siendo los millenians y centenials quienes de alguna manera cuentan con mayores habilidades digitales.

En el esfuerzo de avanzar hacia la inclusión digital y financiera, Julio Nishikawa, nuestro Gerente del Programa de Empoderamiento Económico y Seguridad Alimentaria, hizo referencia que en el marco de los proyectos que contribuyen a la agricultura familiar y los sistemas agroalimentarios relacionados con las mujeres productoras de pequeña escala como el proyecto global “Ella Alimenta al Mundo” financiado por la fundación PepsiCo hubo un viraje muy rápido para transitar de los mecanismos de capacitación y asistencia técnica presencial hacia el uso predominante de herramientas de comunicación digital. En esta experiencia, los principales canales de comunicación con mujeres agricultoras han sido WhatsApp, Zoom, Facebook, tablets, mensajería móvil y llamadas telefónicas, así como la difusión de spots a través de programas de radio local y la distribución y difusión de flyers y materiales educativos impresos especialmente para llegar a aquellos hogares que no cuentan con acceso a Internet[2]. Este trabajo se realiza de manera articulada con actores públicos y privados en el territorio (Gobiernos Subnacionales, Agencias Agrarias, Establecimientos de Salud, SENASA, INIA y empresas privadas vinculadas a la provisión de servicios) quienes mantienen el acompañamiento activo a través de los mecanismos virtuales señalados.

Por otro lado, cabe destacar que el 2020, durante la pandemia, más de 3,500 mujeres agricultoras han recibido capacitación sobre educación financiera de manera digital a través del aplicativo “Lista” con énfasis en el ahorro, las corresponsabilidades familiares y las finanzas saludables. El uso de tablets interactivas que operan sin necesidad de conexión a Internet, es una herramienta clave para reducir las brechas en relación al ahorro y el acceso al crédito[3] en contextos de crisis y el marco de su reactivación económica.

Finalmente, esto nos da señales del potencial impacto que tiene el acceso de las mujeres a los servicios financieros sobre su propio proceso de empoderamiento económico. La experiencia de trabajo en “Ella Alimenta al Mundo” viene demostrando como las mujeres agricultoras asumen progresivamente un mayor control sobre sus ingresos y activos productivos, además de incrementar su capacidad de decisión financiera dentro de los hogares, mejorar su alimentación y en general el bienestar de sus familias.


[1] Según el INEI 2021, hasta el primer trimestre del 2020, el 40.1% de hogares peruanos tuvo acceso a Internet, en Lima Metropolitana, el 62,9% de hogares disponen de este servicio,  mientras que en las zonas rurales se reduce hasta un 5,9%.

[2] La base de datos del proyecto “Ella alimenta al mundo – SFtW Perú” indica que el 60% de los participantes del programa tienen teléfonos celulares y el 68% de ellos usan WhatsApp. Para llegar a este grupo, CARE desarrolló una serie de materiales informativos y tutoriales virtuales en el marco de la herramienta Farmer Field & Business School (FFBS), para seguir entrenando a las productoras y Productores en técnicas de producción y habilidades empresariales con enfoque de género.

[3] Según la línea de base del proyecto Ella Alimenta al Mundo de CARE solo el 21.8% de las mujeres ahorra y solo el  31.9% accede al crédito formal.

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CARE Perú obtuvo el certificado de homologación por 3 años a solicitud de Compañía Minera Antamina en marzo de 2021