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La agricultura familiar es la actividad más importante del mundo rural. Ante esto, es relevante mencionar que el 43% de la fuerza agrícola de los países en desarrollo son las mujeres. Sin embargo, son ellas quienes se ven a menudo afectadas por las normas socioculturales restrictivas y los estereotipos de género que existen en nuestra sociedad. De esta forma, las mujeres del campo ven limitada su capacidad de tomar decisiones y aprovechar las oportunidades en un mundo agrícola “pensado para los hombres” (FAO 2018).

Una situación muy grave sobre la que debemos reflexionar y actuar es que las mujeres que trabajan en el campo no son reconocidas como agricultoras (ya sea de manera informal o formal). En la práctica, ellas realizan entre tres a seis horas de trabajo de cuidado no remunerado cada día, lo que sustenta la economía del hogar, pero sigue considerándose menos importante.

Además, las mujeres agricultoras tienen un bajo acceso a la titularidad de propiedad y tierra, menos oportunidades de acceso a servicios de asesoría técnica o productos financieros y menos insumos agrícolas y de tecnología. En consecuencia, las mujeres del campo reciben menos ingresos y una seguridad económica más débil, pero trabajan en promedio muchas más horas que los hombres.

A pesar de las brechas mencionadas, las mujeres representan una fuerza para el cambio sostenible de la agricultura familiar y del desarrollo rural en general. El importante papel de las mujeres abre oportunidades significativas para potenciar su empoderamiento económico y social.  

La evidencia nos muestra que las mujeres reinvierten hasta el 90% de sus ganancias en sus hogares, la misma que es destinada principalmente para la seguridad alimentaria nutricional, el cuidado de la salud familiar y la educación de sus hijos e hijas. Asimismo, está destinada a otras actividades generadoras de ingresos, que ayudan a romper el ciclo de la pobreza intergeneracional, que son las razones fundamentales para priorizar el enfoque de género dentro de la agenda 2030 del Desarrollo Sostenible. Se calcula, por ejemplo, que por cada dólar que se invierte en una mujer agricultora ésta se convierte en aproximadamente $ 31 de beneficios para ella, su familia y su comunidad.

Con el objetivo de lograr resultados positivos para el empoderamiento económico de las mujeres agricultoras, CARE Perú y PEPSICO, implementan el proyecto Ella Alimenta el Mundo. En ese sentido, el proyecto busca contribuir también con la seguridad alimentaria, nutricional y la resiliencia al cambio climático.

Equiparar su reconocimiento y acceso a los recursos productivos, los servicios de apoyo, las tecnologías y la inclusión financiera y digital, es fundamental para contribuir a mejorar la productividad agrícola familiar y articularlas con actividades de procesamiento y comercialización. Solo así podremos aumentar la voz de las mujeres del campo en las decisiones de los hogares y las comunidades.

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Ernst & Young

CARE Perú obtuvo el certificado de homologación por 3 años a solicitud de Compañía Minera Antamina en marzo de 2021