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La desigualdad de género es una de las amenazas más generalizadas para el desarrollo sostenible. Fenómenos no neutrales al género como la violencia (en sus diferentes expresiones en el espacio privado y público), la feminización de la pobreza, las brechas de ingreso y participación económica, desigualdad en el acceso a recursos, la desproporcionada carga trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y su impacto en la capacidad de inserción en el trabajo remunerado, se agudizan con la ausencia de las mujeres en la toma de decisiones y políticas públicas efectivas para abordarlos en los diferentes niveles de gobierno.

En Perú, como en el resto del mundo, los impactos del cambio climático acrecientan las condiciones de pobreza y las desigualdades de género, limitando las posibilidades de las mujeres de hacer frente a los riesgos generados. Esto hace que mujeres y niñas sean afectadas por el cambio climático de forma diferencial. El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) reconoce que, si bien el cambio climático impacta en las personas de todo el mundo, lo hace de manera diferenciada entre regiones, grupos socioeconómicos y por género; y que “las desigualdades, pobreza, discriminación de género y la falta de instituciones aumenta la vulnerabilidad ante los peligros climáticos (IPCC, 2014).

De acuerdo con el Plan de Acción de Género y Cambio Climático (PAGCC MINAM-MIMP, 2015), estas disparidades de género existen debido a que en los procesos de planificación de los instrumentos normativos y de gestión aún no se considera el enfoque de género, lo que se refleja en políticas gubernamentales que restringen el acceso a la educación o salud, acentúan brechas salariales de género y limitan la participación de mujeres en espacios de toma de decisiones.

A nivel mundial, el trabajo de CARE sobre el cambio climático es ayudar a garantizar que los derechos de las personas más pobres y en mayor situación de vulnerabilidad se escuchen en las negociaciones internacionales sobre cambio climático; e implementar proyectos que ayuden a las personas a adaptarse y ser más resistentes a los shocks climáticos. Reconocemos que si bien las mujeres, como resultado de los roles de género y las normas sociales, a menudo se ven afectadas más directa y severamente por el cambio climático, al mismo tiempo, tienen una perspectiva única para desarrollar soluciones creativas y efectivas.

Nuestros objetivos para garantizar la igualdad de género en el contexto del cambio climático y la resiliencia deben abordar al menos dos dimensiones:

  • Diversidad en el liderazgo: que las mujeres tengan el poder para convertirse en tomadoras de decisiones, defensoras y líderes en los esfuerzos para abordar la crisis climática.
  • Todas las políticas, planes y prácticas para abordar el cambio climático y resiliencia responden a la dinámica de género y las normas sociales.

Conoce algunos ejemplos de la afectación diferenciada del cambio climático

  • Las mujeres, los niños y niñas tienen 14 veces más probabilidades que los hombres de morir durante los desastres naturales (CARE, 2018), debido a las limitaciones culturales para movilizarse fuera del espacio doméstico, el menor acceso a la información en caso de amenaza y a los sistemas de alerta temprana (como pronósticos de variabilidad climática).
  • En la mayoría de los hogares, la responsabilidad de la provisión de agua como del recurso energético (leña y bosta) para la subsistencia del grupo familiar recae en las mujeres y niñas. La escasez del recurso hídrico, derivada de la variabilidad climática (como el descongelamiento de glaciares) y la deforestación, incrementará el esfuerzo y tiempo destinado para conseguir estos recursos y las mujeres y niñas tendrán jornadas más pesadas, afectando su salud y autonomía para destinar ese tiempo a otras actividades educativas, generadoras de ingresos o de descanso.
  • En la actividad pesquera y la producción agropecuaria, los efectos adversos de los impactos climáticos, junto con la pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental sin precedentes, representan serias amenazas para la seguridad alimentaria y la nutrición, especialmente para las mujeres productoras de alimentos a pequeña escala que se encuentran en significativa desventaja.
  • Las mujeres tienden a depender más de los productos de sus sistemas de producción locales para su seguridad alimentaria, combustible y otros productos y servicios (FAO 2017) como principales encargadas de las tareas domésticas y de cuidado al interior de sus familias y comunidades, por lo que incrementos en los precios de los alimentos las afectan de manera particular.
  • En la Amazonía, pese a que las mujeres dependen en mayor medida de los recursos forestales y de fauna silvestre, no participan en espacios de toma de decisiones y sus preocupaciones con frecuencia no son valoradas por los líderes comunitarios.
  • En el ámbito urbano, las mujeres vivencian la ciudad de una manera particular, ya sea a través de sus usos cotidianos o de su relación simbólica con el espacio. Por ejemplo, el incremento significativo de generación de residuos sólidos en los últimos años concentrados en las zonas residenciales y los consecuentes niveles de contaminación aérea, las expone a mayores riesgos sanitarios debido al mayor número de horas que pasan en sus casas e incrementan el tiempo que deben destinar a su gestión y el cuidado de personas enfermas en sus familias.

Si quieres apoyar a esta iniciativa puedes ingresar a http://dona.care.org.pe

 

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