El último año hemos vivido transformaciones sociales sin precedentes marcadas por la incertidumbre, pero también por los esfuerzos colectivos para superar la crisis económica y sanitaria vigente. Si bien todas las personas hemos sido afectadas por la crisis, esta no nos ha impactado de la misma manera ni en la misma magnitud. Es indudable que la pandemia ha exacerbado las desigualdades existentes entre mujeres y hombres en casi todos los ámbitos de la vida, tanto en el Perú como en el mundo, revirtiendo los logros duramente ganados en materia de cierre de brechas e igualdad de género en los últimos años.

El trabajo de cuidados no remunerado que realizan las mujeres, al igual que la división desigual del trabajo en los hogares, se han profundizado a raíz de las medidas tomadas en respuesta a la COVID-19, las cuales han conducido al cierre de escuelas, espacios públicos y servicios de cuidados. Asimismo, diversos informes revelan que se ha intensificado el riesgo frente a todos los tipos de violencia basada en género contra las niñas y las mujeres, sobre todo la violencia en el hogar.

Este contexto plantea una amenaza a la participación de las mujeres en las actividades económicas, más aún si consideramos que ellas tienen mayor probabilidad de participar en actividades económicas informales, las cuales representan el 67.7 % de nuestra estructura económica. Estas disparidades son incluso más pronunciadas para mujeres que pertenecen a poblaciones vulnerables y para aquellas pertenecientes a grupos étnicos, migrantes y refugiadas, quienes registran tasas incluso más altas de participación en la fuerza laboral informal o independiente.

De manera complementaria, las medidas para contener la propagación de la COVID-19 han acelerado la velocidad de la digitalización del empleo y la educación. No obstante, este ritmo de migración acelerada a las plataformas digitales corre el riesgo de profundizar las desigualdades de género existentes, sobre todo cuando no se acompañan con estrategias viables para la inclusión digital con enfoque de género.

Es importante resaltar también que los esfuerzos de respuesta frente a la COVID-19 han tenido como actrices protagónicas a diversas mujeres en la primera línea de respuesta y en los servicios esenciales. Las mujeres representan el 74 % de la fuerza laboral global en el sector salud y tienen mayores probabilidades de formar parte del personal de salud en la primera línea de respuesta, especialmente las enfermeras, las parteras y las trabajadoras de salud comunitaria. De igual forma, representan la mayoría del personal de servicios en los establecimientos de salud (como el personal de limpieza, lavandería y servicios de alimentos) y, como tales, tienen están más expuestas al virus. Desde CARE Perú seguimos comprometidos en integrar acciones significativas y transformadoras para superar las desigualdades. Mediante distintas intervenciones, buscamos en todo el ciclo de nuestros programas 1) potenciar la autonomía y agencia de las niñas y mujeres, fortaleciendo sus habilidades blandas, educativas y productivas; 2) abordar los impactos diferenciados de los roles y mandatos de género y 3) transformar esas estructuras para lograr una sociedad más igualitaria que reconozca el poder y la importancia de las voces y liderazgos de las mujeres. Todo esto se ha visto reflejado en la mejora del reporte de nuestro Marcador de Género, tanto en las iniciativas en curso como en las concebidas dentro del contexto de crisis para dar respuesta a los impactos diferenciados.