Celebramos 50 años de trabajo en el Perú, durante los cuales venimos impulsando el desarrollo de millones de personas en situación de vulnerabilidad y abordando las causas subyacentes de la pobreza y la desigualdad. Sabemos que, para construir un mundo de esperanza, tolerancia y justicia social, debemos colocar en el centro de nuestros esfuerzos a las niñas y mujeres, solo así podremos conseguir el desarrollo sostenible que tanto anhelamos y soñar con un país donde todas y todos tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades.

El 2020 ha sido un año complicado, casi no hay aspecto de la sociedad que haya quedado indemne tras la aparición de la COVID-19. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en el aumento de la tasa de pobreza. La pobreza monetaria alcanzó al 30.1 % de la población peruana, 9.9 puntos porcentuales por encima del dato registrado el año anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Antes de la pandemia, 1 de cada 7 limeños era pobre; hoy, lo es 1 de cada 4. Este retroceso ha supuesto nuevos retos para atender a la población más vulnerable.

En ese sentido, hemos conseguido transformar nuestras operaciones y digitalizarnos, no solo para atender a las personas más necesitadas, sino también, para identificar los problemas con anticipación y tener las herramientas adecuadas para solucionarlos. Hemos entregado más de 2 000 tabletas a estudiantes de zonas rurales con nuestro proyecto “Aprendemos +, Crecemos y Emprendemos Siempre”. Asimismo, incluimos en la estrategia a agentes comunitarios en educación para que acompañen la educación de miles de niñas y niños. A través de ellos, podemos recoger las necesidades e inquietudes de nuestros estudiantes para ajustar nuestras propuestas y proporcionarles el apoyo correspondiente.

De igual forma, un problema que llega de la mano con el aumento de la tasa de pobreza es la anemia. El 40 % de las niñas y niños peruanos de 6 a 35 meses y el 20.9 % de las mujeres entre 15 a 49 años sufren de anemia, según la última Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2020. Para hacer frente a esta problemática, CARE Perú trabaja proyectos que buscan reducir la desnutrición crónica y la anemia nutricional en menores de 5 años.

Al inicio de la pandemia, creamos la iniciativa Alimenta su Fuerza, con el propósito de brindar almuerzos nutritivos y saludables a miles de familias en situación de vulnerabilidad a través de comedores populares. En esa primera edición logramos atender a 1 200 personas y entregar 125 094 raciones de comida en 5 comedores populares, todo gracias a las donaciones de la sociedad civil y a organizaciones amigas. Hoy, Alimenta su Fuerza se encuentra en su tercera etapa al lado de un importante aliado y acompaña la entrega de alimentos con talleres y capacitaciones a las socias de cocina, para que puedan convertirse en lideresas de sus comunidades y aseguren la sostenibilidad de los comedores populares.

CARE Perú se enfocó en incorporar componentes de empoderamiento y educación a cada uno de los proyectos. Así, ha logrado impactar en más de 411 000 participantes directos y más de 2 466 000 participantes indirectos. Este año hemos salido fortalecidos y hemos crecido, tanto a nivel personal como profesional. A pesar del temor constante ocasionado por la pandemia, hemos continuado trabajando con agilidad, compromiso y respuesta rápida. Como directora nacional de CARE Perú, me siento orgullosa y privilegiada del trabajo que venimos realizando y de aportar en disminuir la crisis de muchas familias y de nuestras comunidades. Sabemos que esto no hubiera sido posible sin el apoyo de nuestros aliados y de las diversas organizaciones que nos eligieron. Quisiera agradecer a cada uno de ellos y ellas por sumarse al esfuerzo y al trabajo de CARE Perú para generar cambios duraderos en la vida de las personas más vulnerables.