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© CARE

Es un martes soleado por la tarde en el Centro de Nutrición de CARE en Mankien, estado de Unidad (Sudán del Sur – África). Joyce* está sentada en el suelo de baldosas dando de lactar a sus dos hijos: Peter y Rose, gemelos de 12 meses. Joyce visita hoy el centro de Nutrición para que el personal de CARE pueda comprobar el progreso del pequeño Peter, quien ha sido inscrito en el programa desde hace ya varias semanas.

Joyce no está segura de su edad, pero calcula tener un poco más de 40 años. Al igual que muchos en Sudán del Sur, su nacimiento no fue registrado. Joyce es madre de seis niños y abuela de dos. Dice que le cuesta mucho esfuerzo atender las necesidades de sus hijos: sus gemelos toman leche materna pero no es suficiente.  La crisis alimentaria de Sudán del Sur, resultado de casi dos años de conflicto y desplazamiento, está afectando a casi 4 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población de este joven país.

“Antes de que empezara el conflicto, trabajaba en un restaurante”, dice Joyce, “pero cuando di a luz no había quien pudiera cuidar de mis hijos así que tuve que parar. Intenté plantar un poco de maíz en mi pueblo, pero la zona se inundó durante las lluvias”.

Ha transcurrido un mes desde que Joyce junto a sus hijos y sus pocas pertenencias se trasladaron a Mankien, una ciudad en el condado de Mayom, ubicada a unos seis kilómetros de su pueblo. Ella tomó la decisión con el fin de ser capaz de mantener a sus hijos. Su esposo se fue a pelear en la guerra y Joyce no ha sabido nada de él desde hace varios meses.

“Vengo del pueblo Ngop. Tenemos muy poco allí. Nunca fui a la escuela y mis hijas tampoco”, dice Joyce. “En mi comunidad, las niñas son privadas de la oportunidad de ir a la escuela. A los niños se les da la oportunidad, pero las niñas se preparan para el matrimonio donde llevan vacas como dote a la familia del esposo”.

La historia de Joyce es común en Sudán del Sur. En áreas rurales en particular, esposos, padres e hijos van a luchar en la guerra, dejando a las mujeres a que velen por sí mismas, mantengan a sus hijos y  luchen lo mejor que puedan.

El traslado de Joyce a Mankien la ha ubicado más cerca de los centros de salud apoyados por CARE: el Centro de Atención Primario de Salud y el Centro de Nutrición, que actualmente atiende al bebé Peter. El mudarse también ha hecho que la percepción de Joyce con respecto al rol de las mujeres comience a cambiar.

“La semana pasada vi a una mujer usando un polo con el logo de CARE”, dice Joyce. “Yo no sé su nombre, pero el verla me hizo comprender la importancia de enviar a las niñas a la escuela”.

“Hay muchas mujeres que trabajan en el centro de salud aquí, ayudándonos a mejorar”, continua. “Estoy segura que no podrían estar acá sin educación. Cuando se educa a una niña, ella es una bendición para la familia y traerá muchas cosas. Esto es lo que he aprendido aquí en Mankien”.

* Los nombres han sido cambiados para proteger la privacidad de aquellos involucrados.

Traducido por: Giorgia Donda, Voluntaria Profesional de CARE Perú

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