Escribe: Ellie Swindon / Fotos: Magaly Cardich

La pequeña comunidad de Chamisería está situada en la sub-cuenca del Río Shullcas en la zona rural de Junín, localizada en los Andes Centrales del Perú. A menos de 20 km arriba, emerge el más importante glaciar de la región, Huaytapallana, un grandioso nevado a 5500 metros sobre el nivel del mar, cuyas lagunas glaciares brindan agua a más de medio millón de personas que viven en las zonas rurales y urbanas de la sub-cuenca. Sin embargo, como muchos glaciares en los Andes tropicales están experimentando los impactos del cambio climático, el nevado está sufriendo un retroceso acelerado de la cobertura glaciar. A consecuencia de esto su desaparición está proyectada para el 2050. A este incremento de temperaturas se le añade la reducción de lluvias que la sub-cuenca del Río Shullcas viene experimentando como consecuencia de los efectos del cambio climático.

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Para Dora León y su numerosa familia, agricultores de Chamisería, este es un gran problema. Dora (44) y su esposo Armando (44) dependen de las aguas del Río Shullcas y de las lluvias durante la temporada de lluvia para regar los cultivos que su familia produce para subsistir durante todo el año –papas, habas, maíz y otros cultivos andinos– además de los pastizales para alimentar a sus 13 cabezas de ganado vacuno y ovino. La mayor parte de los cultivos son para consumo propio, así que la venta de ganado cubre los gastos de educación y salud de sus ocho hijos, como también la compra de alimentos que no producen. Sin embargo, los impactos del cambio climático se van incrementando visiblemente y vienen afectando los medios de vida de la familia León notablemente.

“Hay lluvias fuertes, hay granizadas, inundaciones… y hay a veces poco, a veces hay bastante”, comenta Dora mientras carga a su bebé de seis meses en su espalda con una manta tradicional andina. “Estamos preocupados por la situación del Huaytapallana… ya mucho ha variado el río, bastante ha bajado, antes no era así.” Dora ha vivido en Chamisería toda su vida. Durante este tiempo ha observado cómo los cambios climáticos han afectado la producción de sus cultivos y la salud de sus hijos. “Este año bastante plaga ha habido en nuestra chacra, de la mayoría… y con cambio climático hay enfermedades: la fiebre, la tos… se enferman del estómago los pequeños. No es como antes era.”

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La vulnerabilidad de los habitantes de la zona alto-andina a los impactos del cambio climático y el retroceso de la cobertura glaciar de los nevados tropicales han llamado la atención de la comunidad científica y ambiental de la zona; lo que conllevó a iniciar el Proyecto de Adaptación al Retroceso Acelerado de los Glaciares en los Andes Tropicales (PRAA). Desde el año 2009, la sub-cuenca del Shullcas viene siendo uno de los dos espacios en el Perú para la ejecución del Proyecto PRAA, que contempla la implementación de medidas de adaptación como la reforestación, protección de praderas alto-andinas y mejoramiento de sistemas de riego. CARE Perú, uno de los ejecutores del proyecto, viene trabajando con las familias que viven en las zonas rurales de la sub-cuenca para brindarles asistencia en temas sobre cambio climático y la implementación de actividades de desarrollo sostenible.

“El año pasado hemos tenido capacitaciones con CARE Perú”, dice Dora. “Ellos nos dicen que desde aquí no va a haber mucha agua… por eso estamos previniendo y sembrando pino –en el pino hay agua.” Mirando alrededor de la rústica vivienda de Dora, hecha de adobe, observamos los resultados de las capacitaciones ejecutadas por CARE Perú, en coordinación con AGRORURAL, una agencia del Ministerio de Agricultura del Perú. En la pared hay una cartulina titulada “Plan Familiar” listando las actividades de adaptación planeadas para el 2011, esta ha sido elaborada con la asistencia de técnicos e ingenieros de CARE Perú: la construcción de cocinas mejoradas, letrinas, pozos de basura orgánica, criaderos para animales menores y huertos familiares. “Con [la cocina] ha cambiado, menos humo, en la casa antes había bastante humo”, comenta Dora. “Ya no te contamina, más que nada con los niños, con los pequeños… leña bastante se ahorra, ahorramos al mes cuatro o cinco cargas y menos árboles estamos tumbando.” “Está el pozo para la basura de la cocina, de los animales,” continúa Dora, mostrándonos las nuevas características du su patio, “como abono echamos en el huerto… brócoli, espinaca, lechuga, col… antes no teníamos”.

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Mientras Dora habla positivamente acerca de las mejoras en su casa y alrededor, que le permite el desarrollo de prácticas más sostenibles para enfrentar los impactos del cambio climático, ella reconoce los desafíos futuros, especialmente el de conseguir apoyo constante del gobierno y de la sociedad civil. “Si tendríamos bastante de apoyos, qué podemos estar pidiendo a CARE Perú para nuestra cocina mejorada… nosotros no tenemos recursos, no tenemos”, dice ella. Durante toda la entrevista, Dora ha estado desplazándose, arriba y abajo, tratando de calmar a su inquieto hijo que lleva en la espalda; una carga simbólica del peso que lleva una mujer que trata de salir adelante y hacerle frente a los desafíos de un clima y un mundo cambiante.

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